De sana actualidad · Sueño y envejecimiento

Dormir más de día y peor de noche: el cambio que no siempre es «solo la edad»

Un estudio siguió durante cinco años los patrones de sueño de mujeres de más de 80 años. Los cambios más marcados se relacionaron con un mayor riesgo posterior de problemas de salud, pero el hallazgo no significa que dormir la siesta sea peligroso.

Redacción El Arte de Pausar Lectura aproximada: 8 minutos
Mujer mayor despierta durante la noche mirando tranquilamente el reloj
Despertarse alguna noche no implica que exista un problema. Lo importante es observar si el patrón cambia de forma clara y se mantiene con el tiempo.

Hay cambios que solemos aceptar sin preguntarnos demasiado: dormir menos por la noche, pasar más tiempo adormecido durante el día o necesitar siestas cada vez más largas. En edades avanzadas pueden aparecer modificaciones normales del descanso, pero no todo cambio debe atribuirse automáticamente al envejecimiento.

Una investigación publicada en Communications Medicine observó que ciertas variaciones progresivas del sueño y de la actividad diaria se asociaban con un mayor riesgo de mortalidad en mujeres de entre 80 y 90 años. La palabra importante es asociaban: el estudio no demuestra que dormir la siesta cause enfermedad ni que reducirla por cuenta propia mejore la salud.

Qué estudiaron exactamente

El equipo analizó a 704 mujeres que vivían en la comunidad, con una edad media cercana a los 83 años. El sueño y la actividad se midieron mediante un dispositivo colocado en la muñeca durante cuatro noches y cinco días. La medición se repitió cinco años después.

Los investigadores no se limitaron a preguntar cuántas horas dormían. Observaron el descanso nocturno, las siestas, la somnolencia acumulada durante las 24 horas y el ritmo entre actividad y reposo. Después compararon la evolución de esos patrones con la salud posterior.

704 mujeres participaron en el análisis
82,9 años de edad media al comenzar
5 años entre las dos mediciones del sueño
Hombre mayor durmiendo una siesta tranquila en el sofá durante el día
La siesta no es el enemigo. Una necesidad de dormir durante el día que aumenta mucho respecto a lo habitual puede ser una pista de que algo más está cambiando.

Qué cambios llamaron la atención

Frente a las participantes cuyos patrones se mantuvieron relativamente estables, las mujeres que fueron durmiendo menos por la noche o mostraron un aumento de la somnolencia a lo largo de las 24 horas presentaron aproximadamente el doble de riesgo de mortalidad por cualquier causa durante el seguimiento posterior.

El aumento de la duración de las siestas también se relacionó con un mayor riesgo de mortalidad general y cardiovascular. Sin embargo, esto no permite concluir que la siesta sea la causa. Dormir más durante el día podría ser una consecuencia de fragilidad, enfermedad, dolor, alteraciones respiratorias, efectos de medicamentos, depresión, menor actividad u otros cambios que todavía no se habían detectado.

Lo que sí sugiere

Los cambios persistentes del sueño pueden aportar información sobre el estado general de una persona muy mayor y merecen ser comentados durante su seguimiento sanitario.

Lo que no demuestra

No demuestra que una siesta ocasional sea dañina, que dormir más cause una enfermedad ni que todas las personas mayores deban dormir de la misma manera.

La diferencia entre una mala noche y un cambio de patrón

Todos podemos dormir peor durante una temporada. El calor, una preocupación, una infección, el dolor, un viaje o una noche especialmente ruidosa pueden alterar el descanso. Eso no equivale al cambio progresivo observado en la investigación.

Lo que merece más atención es que la persona empiece a necesitar mucho más sueño durante el día, reduzca claramente el descanso nocturno, permanezca adormecida durante gran parte de la jornada o cambie de forma evidente su ritmo habitual durante semanas.

Mujer mayor levantándose por la mañana y estirándose junto a una ventana iluminada
La luz de la mañana, una rutina razonablemente estable y algo de movimiento durante el día pueden ayudar a mantener diferenciado el tiempo de actividad y el de descanso.

Qué puedes hacer sin convertir el sueño en otra preocupación

No hace falta controlar cada minuto ni perseguir una noche perfecta. Puede ser más útil llevar durante una o dos semanas un registro sencillo con la hora aproximada de acostarse y levantarse, los despertares, las siestas y cómo se encuentra la persona durante el día.

  1. Mantén horarios razonablemente estables. No necesitan ser exactos, pero conviene evitar cambios extremos cada día.
  2. Busca luz natural por la mañana. Abrir las cortinas, sentarse cerca de una ventana o salir un rato ayuda al reloj interno a reconocer que ha comenzado el día.
  3. Favorece algo de actividad durante el día. Siempre adaptada a la movilidad y a las indicaciones profesionales.
  4. Revisa los medicamentos con un profesional. Algunos pueden producir somnolencia, insomnio o cambios en el ritmo de sueño.
  5. No retires la siesta de golpe. Primero conviene entender por qué ha aumentado y cómo afecta al descanso nocturno y al funcionamiento diario.

Cuándo conviene comentarlo con un profesional

Consulta cuando el cambio sea nuevo, evidente, persistente o se acompañe de caídas, confusión, debilidad, pérdida de autonomía, tristeza intensa, ronquidos con pausas respiratorias, despertares con ahogo o somnolencia que impida realizar las actividades habituales.

También merece revisión si una persona se queda dormida repetidamente en situaciones inusuales o si el cambio coincide con una modificación de la medicación. Ante dificultad intensa para respirar, dolor torácico, desmayo, debilidad repentina o confusión aguda, busca atención urgente.

Por qué debemos interpretar el estudio con prudencia

La investigación fue observacional, por lo que puede detectar asociaciones pero no probar causa y efecto. Incluyó únicamente mujeres de edad muy avanzada, de modo que sus resultados no pueden trasladarse sin más a hombres, personas más jóvenes o poblaciones diferentes.

Además, la versión disponible fue publicada como manuscrito de acceso temprano pendiente de la edición final de la revista. Sus resultados son valiosos, pero necesitan confirmarse y entenderse junto con la historia clínica de cada persona.

Lo que debes recordar

  • Dormir la siesta no es, por sí mismo, una señal de enfermedad.
  • Lo importante es observar cambios claros respecto al patrón habitual.
  • Más sueño diurno puede ser consecuencia, y no causa, de otro problema.
  • Un registro sencillo puede ayudar a explicar el cambio en consulta.
  • No modifiques medicación ni fuerces a eliminar la siesta por tu cuenta.

Envejecer cambia el sueño, pero no obliga a aceptar cualquier modificación como inevitable. A veces el descanso no es el problema principal: es la forma en que el cuerpo nos avisa de que conviene mirar un poco más de cerca.

Redacción El Arte de Pausar

Fuente principal consultada

Leng Y, Milton S, Yaffe K y colaboradores. Multidimensional sleep-wake changes and risk of all-cause and cardiovascular disease mortality in oldest-old women. Communications Medicine. Publicado el 28 de julio de 2026.

Consultar el estudio original →

Visita nuestras herramientas para descansar mejor

Tendencias

Lo más reciente en El Arte de Pausar